Cordero Patagónico

Cordero Patagónico, un símbolo argentino

 


La Patagonia es un paraíso para los amantes del buen comer. Entre los productos estrella de la región, se encuentra el tradicional cordero, que se exporta con éxito a los principales mercados internacionales. En la vasta extensión de la región patagónica se crían los corderos más valorados del planeta. Numerosos campos de provincias como Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Neuquén y Tierra del Fuego brindan el entorno natural perfecto para la producción de una carne tierna, magra y muy sabrosa, que se emplea en variadas recetas.
Argentina produce más de 15.000 toneladas de cordero patagónico al año. El mercado atravesó momentos difíciles por catástrofes naturales y el bajo precio internacional, hasta que logró consolidarse. Hoy la Patagonia es una marca reconocida a nivel mundial y el cordero, uno de sus grandes atractivos. De hecho, el cordero patagónico cuenta con una Indicación Geográfica, distinción que reconoce las características excepcionales de los animales criados en la región.  
El principal valor de los corderos patagónicos es que son alimentados con pasturas naturales, sin la presencia de agroquímicos. Dichos pastos, de hecho, son su único alimento, que los corderos buscan desplazándose por la inmensidad patagónica mientras eliminan el exceso de grasas. El resultado es una carne suave y equilibrada, que contiene antioxidantes naturales y un reducido nivel de colesterol. Con una materia prima de calidad, todo plato da su primer paso al éxito. El resto, claro, depende de la habilidad del cocinero. La forma más tradicional de preparar el cordero patagónico es al asador: la carne suele adobarse con menta, romero, perejil y otras hierbas para potenciar los sabores. Cuando la preparación se realiza en origen, es decir en la Patagonia, se convierte en una ceremonia pintoresca que constituye un atractivo turístico.

Por sus características, el cordero patagónico también se presta para la elaboración de otras recetas. Se puede cocinar en guiso, al horno, o hasta en empanadas, entre muchas otras opciones. Ya sea en el mismísimo extremo sur del continente o en cualquier rincón del mundo a donde haya llegado su carne, degustar cordero patagónico es una experiencia gastronómica que vale la pena vivir.